El resurgir del código QR en el ámbito comercial y en expositores.

En otro artículo de nuestro blog de noticias te presentábamos una fantástica alternativa para potenciar el rendimiento de un expositor en el punto de venta: los expositores interactivos.

Dichos expositores incorporan recursos tecnológicos que acercan más el producto y sus propiedades al consumidor, desde pantallas donde se suministra información del mismo, se realizan sorteos o con juegos para niños en el caso de productos infantiles.

Un elemento que parecía haber quedado en el ostracismo y de mucha practicidad ha vuelto: el código QR. Éste puede ser incorporado en el expositor para que, una vez escaneado con el teléfono móvil el dispositivo actúe como pantalla enlazando con el link pertinente a la promoción.

Los códigos QR existen desde hace casi tres décadas. Al tratarse de una funcionalidad original y novedosa, alcanzaron con el tiempo cierta fama, y se utilizaban con frecuencia para transmitir un mensaje de innovación y visión de futuro en la presentación de campañas. 

Pero lo cierto es que los códigos QR no fueron ampliamente aceptados por la sociedad, y parecían destinados a ser una simple anécdota en la historia de la tecnología digital.

Y llegó la pandemia. El cambio hacia el trabajo en remoto sucedió (literalmente) de la noche a la mañana, y el distanciamiento social provocó una necesidad urgente de disponer de soluciones, incluida la tecnología sin contacto. 

Las empresas hicieron todo lo que estaba en sus manos para adaptarse, intentando encontrar cualquier recurso que les permitiera mantenerse seguros y operativos en su actividad. Y en esa situación, resurgen estos códigos.



Desde escanear los menús en los restaurantes, pasando por la gestión de las citas médicas y el cumplimiento de los formularios de salud, los códigos QR han permitido seguir adelante con la actividad y la vida de las personas, desde una distancia segura. 

Gracias a los códigos QR, los consumidores pueden acceder fácilmente a los sitios web, enviar pedidos e incluso realizar pagos. Las empresas pueden conectar con sus clientes manteniendo los protocolos de salud y seguridad. 

Las autoridades gubernamentales han utilizado los códigos QR para facilitar la localización de contactos y el procesamiento de visitantes en los puestos fronterizos de control. En definitiva, los códigos QR han impulsado una sociedad sin dinero en efectivo y sin papel, permitiendo la realización de todo tipo de intercambios.

Un informe de 2020 sobre la adopción de los códigos QR reveló unos resultados significativos que tuvieron lugar en pocos meses, tanto en las actitudes del consumidor como en el uso de los códigos QR.

El 83% de los consumidores encuestados declaró haber utilizado un código QR por primera vez en el último año para procesar un pago. 

Y lo que es más revelador, el 54% utilizó un código QR para efectuar un pago, por primera vez en los últimos tres meses.

Se espera que los fundamentos que han impulsado este cambio vayan mucho más allá de la pandemia. Como se está haciendo evidente en muchas industrias, el consumidor prefiere la comodidad del acceso digital, y seguirá requiriéndolo en el futuro. 

Esto afecta a casi todos los sectores y requiere soluciones a largo plazo, capaces de mantener la satisfacción de los clientes, socios y empleados. Y es probable que los códigos QR formen parte de la solución.

Sin embargo cualquier aumento en la adopción de una tecnología que novaya acompañado de los correspondientes protocolos de seguridad, genera oportunidades para los “malos actores”, los phishers y los estafadores. 



Desgraciadamente, los códigos QR pueden publicarse con intenciones maliciosas sin levantar sospecha alguna. 

Es importante señalar que las amenazas a la seguridad no residen en el propio código QR, sino en la falta de concienciación que existe sobre su funcionamiento. 

Los usuarios deben ser conscientes de que los códigos QR maliciosos están a la orden del día y pueden aprovecharse de la buena fe de las personas, dirigiéndolas a sitios web falsos que parecen legítimos pero que son solo réplicas perfectas, diseñadas estratégicamente para robar información personal y financiera. Lo que parece un escaneo fácil, unido a la falta general de seguridad de “confianza cero” en los dispositivos móviles, puede acarrear serios problemas.

Obviamente esto último es prácticamente imposible que suceda en una superficie comercial ya que estos códigos van asociados a las marcas las cuales desarrollan esta tecnología implantando todas las medidas de seguridad pertinentes.

Es decir, no es lo mismo escanear un código de un expositor para participar en un sorteo que escanearlo de cualquier anuncio del cual desconocemos realmente su origen.
 
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